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Junio 13, 1995
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Aporte de carbohidratos líquidos y electrolitos durante el ejercicio físico

Las cuatro fuentes principales de energía para el ejercicio son los ácidos grasos libres en el plasma, el glicógeno muscular, los triglicéridos musculares y la glucosa plasmática.

Durante la actividad física de baja intensidad, el organismo puede echar mano de sus reservas energéticas, especialmente la oxidación de ácidos grasos plasmáticos. A medida que aumenta la intensidad del ejercicio, la eficiencia del músculo en la utilización de los ácidos grasos declina, haciendo necesarias otras fuentes que suministren energía adicional. Así, en el ejercicio moderado que ha superado cierta duración, el glicógeno muscular, los triglicéridos musculares y la glucosa plasmática juegan un papel central como sustratos energéticos.

La fatiga muscular aparece cuando tiene lugar el agotamiento de las reservas de glicógeno. En un comienzo, las necesidades energéticas pueden ser suplidas en cerca de 75% por los ácidos grasos libres en el plasma; sin embargo, en etapas posteriores (aproximadamente una hora), la energía proviene, en un porcentaje similar, de la oxidación de carbohidratos.

Individuos entrenados pueden tardar entre 30 y 60 minutos en agotar sus reservas de glicógeno muscular, durante la práctica de ejercicio físico intenso. Cuando hay un consumo adecuado de carbohidratos es posible inducir la resíntesis del glucógeno muscular, lo que constituye un factor clave en la recuperación de la tolerancia al ejercicio.

Se calcula que una persona de 70 kilogramos deberá consumir al menos 50 gramos de carbohidratos por cada dos horas de ejercicio, comenzando muy pronto después de iniciada la actividad física.

En una revisión llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Suráfrica, se analiza la necesidad de consumo de carbohidratos, líquidos y electrolitos por parte de jugadores de fútbol. Estos deportistas están sometidos intermitentemente a ejercicio físico intenso a todo lo largo de un encuentro, lo que impone altas demandas de energía y de líquidos. Un aporte inadecuado de sustratos energéticos se traduce en depleción de las reservas de glicógeno muscular y, en ocasiones, en hipoglicemia.

Algunos autores han calculado que durante un partido de fútbol un jugador puede recorrer hasta 17 kilómetros, aunque el promedio general oscila entre 10 y 11 kilómetros, lo que representa un gasto energético entre 1.000 y 1.200 k.calorías. Evidentemente, las reservas de glicógeno muscular, como han podido ser determinadas mediante biopsias del músculo vasto externo, decrecen en proporción directa con la intensidad y duración del esfuerzo físico.

Por otra parte, la pérdida de líquidos tiene también un efecto negativo sobre el rendimiento físico y la regulación de la temperatura. La pérdida de peso promedio en jugadores de fútbol es de aproximadamente 1.2 litros por hora, y puede alcanzar entre 2 y 4 litros, dependiendo de las condiciones ambientales durante un partido. La cantidad adecuada para reemplazar los líquidos y normalizar la temperatura es la relacionada con la pérdida de peso, e incluso, un 50% más. La adición de carbohidratos y de electrolitos (sodio, potasio) a las bebidas hidratantes, además de reemplazar las pérdidas, mejora la palatabilidad del líquido y estimula su consumo.

Puesto que la capacidad de absorción de agua del intestino es limitada, entre 600 y 1.000 c.c. por hora, es importante optimizar su absorción para evitar la repleción y distensión gástrica. En general, se sostiene que las bebidas que mejor promueven la absorción de líquidos, electrolitos y carbohidratos, son las de naturaleza isotónica.

Algunos solutos, como la fructosa, pueden ocasionar dificultades en la absorción, de modo que no deben ser incluidos como única fuente de carbohidratos en las soluciones hidratantes.

A pesar de lo que se ha avanzado en este campo, los estudios sobre el tema son todavía escasos; sin embargo, el conocimiento de la fisiología del ejercicio se va haciendo cada vez más importante, en la medida en que los deportes alcanzan más altos niveles de rendimiento.

Referencias:

American Journal of Clinical Nutrition 61(suppl): 968S-979S (abril), 1995
International Journal of Sport Nutrition 4: 221-236 , 1994
 

© EMSA    ILADIBA    JUNIO 1995

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