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Mayo 3, 1995
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Bartonella (Rochalimaea) quintana

La Bartonella quintana es una bacteria gramnegativa, inicialmente identificada ­durante la Primera Guerra Mundial­ como responsable de la fiebre de las trincheras y transmitida por piojos.

Las manifestaciones clínicas de la infección por este agente son variables y comprenden un cuadro insidioso de fiebre (esporádica, recurrente y en ocasiones severa), cefalea, dolor óseo, decaimiento y rash cutáneo transitorio.

El período de incubación suele ser de 5 a 20 días, dependiendo de la concentración del inóculo y se ha demostrado que el germen puede circular en la sangre de los sujetos infectados por períodos variables de tiempo, entre unos pocos días hasta varios meses. Se han reconocido cinco especies diferentes de Bartonella: B. quintana, B vinsonii, B. henselae, B. bacilliformis y B. elizabethae, capaces de producir infección en los seres humanos.

En los últimos años se ha informado de infección por B. quintana en pacientes con el virus de inmunodeficiencia humana tipo 1, causando angiomatosis cutánea bacilar, bacteremia, endocarditis y linfadenopatía crónica. Dos estudios recientemente publicados informan sobre el aislamiento de este patógeno en pacientes alcohólicos crónicos con endocarditis y bacteremia.

Uno de los estudios adelantado por Michel Drancourt y sus colaboradores del Hospital Saint Joseph de París, analizó tres pacientes alcohólicos, VIH negativos con endocarditis en quienes se identificó B. quintana mediante pruebas de amplificación de ARN ribosomal, reacción en cadena de la polimerasa, exámenes de inmunofluorescencia e inmunohistoquímica. En general, todos los pacientes presentaban condiciones higiénicas y, aunque no pudo demostrarse una relación entre la infección por B. quintana y pediculosis, se considera que los ectoparásitos (Pediculus humanus y Sarcoptes scabiei) son los vectores de las distintas especies de Bartonella.

Los investigadores detectaron una reacción cruzada entre los antígenos de B. quintana y distintas especies de clamidia. Esta reacción cruzada se presta para confusiones diagnósticas, pues ambos agentes son responsables de endocarditis y por tanto el diagnóstico definitivo requiere de la identificación específica del germen en sangre o válvula cardíaca. Los autores consideran que la infección por B. quintana debe incluirse dentro del diagnóstico diferencial de la endocarditis con cultivo negativo.

Otro grupo de investigadores, liderado por David H. Spach, de la Universidad de Washington, en Seattle, efectuó un estudio retrospectivo orientado a determinar las características clínicas y epidemiológicas de la bacteremia por Bartonella en 10 pacientes, en quienes se identificó el germen por hemocultivo. Los investigadores identificaron B. quintana por inmunofluorescencia en las 10 muestras. Estudiando las características de los pacientes, en comparación con un grupo control, se determinó que las únicas variables significativas eran la presencia de alcoholismo crónico y de malas condiciones higiénicas.

 De otra parte, seis de los pacientes eran seronegativos para VIH, en tanto que no se tenían datos de los otros cuatro. La presentación clínica de la infección por B. quintana en general comprendió fiebre moderada de varios días de evolución asociada con pérdida de peso. El esquema de tratamiento consistió en la administración de cetriaxone IV o IM por siete días, seguido de eritromicina o azitromicina por vía oral por tres semanas. Aunque no fue posible efectuar el seguimiento adecuado de los pacientes, los investigadores consideran que las infecciones por Bartonella presentan una marcada tendencia a la persistencia y a la recidiva.

Aunque se requieren estudios más específicos, es importante reconocer que en los últimos años se presenta un incremento de los procesos infecciosos causados por las distintas especies de Bartonella y que estos patógenos deben tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de endocarditis y bacteremia, en especial en pacientes alcohólicos crónicos y que viven en malas condiciones de higiene.

Referencias:

New England Journal of Medicine 332: 424-428 (febrero 16), 1995
New England Journal of Medicine  419-423 (febrero 16), 1995

 © EMSA    ILADIBA    MAYO 1995

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