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Agosto 13, 2020
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Cuidando al cuidador, una prioridad en medio de la pandemia

Recientemente hicimos manifiesta nuestra preocupación por la salud mental y el cansancio de los profesionales de la salud en medio de la pandemia de COVID-19. El esfuerzo de las autoridades se ha concentrado en proveer material de protección, aumentar camas y equipos de cuidado intensivo, pero es poco lo que se ha hecho para proteger el bienestar psicológico de los profesionales de la salud, auxiliares o personal administrativo envueltos en la lucha contra la pandemia, de manera directa o indirecta.

Contexto

El cansancio o “burnout” en los profesionales de la salud no es un fenómeno nuevo. A principios de 2020, Medscape publicó un reporte detallado sobre el cansancio en médicos; basado en una encuesta telefónica a 15.181 profesionales de diferentes especialidades, realizada antes del inicio de la pandemia. Según los datos recabados, 42% de los encuestados manifestaron tener cansancio frente a la profesión, lo que representa una mejora respecto a 46% reportado en años anteriores (Figura 1).

Figura 1. Prevalencia de cansancio profesional (“burnout”) entre diferentes especialidades de la medicina.

Causas principales de este “burnout” son la excesiva carga de tareas administrativas (digitación, informes, llenar formatos…), los horarios extendidos de trabajo, la pérdida del respeto por parte de colegas, pacientes y personal administrativo, la creciente sistematización de la práctica médica, salarios insuficientes y pérdida de autonomía en sus decisiones (Figura 2). Es importante decir que este “burnout” comparte síntomas con la depresión, pero no es lo mismo.

Figura 2. Principales factores generadores de estrés y “burnout” en profesionales de la salud.
La nueva realidad que trae la COVID-19

Ningún país o sistema de salud en el mundo estaba preparado para un aumento tan súbito y pronunciado de la morbilidad y la mortalidad como el que ha generado la COVID-19. El personal de salud se encuentra en un combate sin cuartel con un enemigo invisible y desconocido.

A las dificultades que ya experimentaban los médicos, hoy se les suman nuevos ingredientes:

  • El aislamiento social les ha quitado la posibilidad de tener soporte en sus familias, en los amigos e incluso en los colegas;
  • Las demandantes necesidades de personal en los centros médicos han llevado al aumento de horarios de trabajo, y a organizarlos de manera que no para todos es la más satisfactoria;
  • El agotamiento de recursos del sistema de salud, iniciando por los mínimos necesarios para la protección personal;
  • La variabilidad en los protocolos de tratamiento, en algunos casos influidos por intereses políticos y económicos;
  • La falta de certeza frente al impacto social, económico y profesional a futuro;
  • El impacto moral de ofrecer tratamientos sin certeza de éxito, de ver morir a los pacientes a pesar de los esfuerzos o de tener que tomar decisiones sobre la conveniencia o no de tratar pacientes críticos; y
  • El constante miedo a contagiarse y contagiar a sus seres queridos; son algunos de los retos que hoy enfrenta el profesional en medicina.

En este escenario algunos autores observan que muchos médicos que han combatido la pandemia empiezan a mostrar signos de un desorden de estrés postraumático, similar al que sufren los miembros de fuerzas militares en conflicto.

Qué se puede hacer

Al ser la primera línea de respuesta de la sociedad frente a la pandemia, es perentorio que se invierta en el bienestar de los profesionales de salud. Algunas de las medidas que pueden tomarse, y que de hecho algunas autoridades e instituciones ya han implementado, incluyen:

  • Proveer recursos adecuados y suficientes para protección.
  • Disponer de guías de manejo claras y permanentemente actualizadas.
  • Contratar personal adicional para aliviar la carga de trabajo excesiva.
  • Flexibilizar los requisitos para la práctica médica de profesionales inmigrantes.
  • Contar con sistemas de telemedicina y teleconsulta para pacientes en seguimiento o pacientes con sospecha de infección por coronavirus.
  • Limitar las horas de trabajo en urgencias o UCI.
  • Seguimiento integral del estado de salud del equipo profesional, tanto en lo físico como en lo psicológico.

Pero, para la mayoría, la realidad es otra. Son frecuentes los buenos deseos y el tratamiento de héroes hacia el personal de salud, pero estos no se traducen en acciones concretas. La inadecuada provisión de recursos, el “apartamiento” social del que han sido víctimas y que en algunos casos ha llegado a la amenaza para ellos y su familia; incluso la “disponibilidad obligatoria” que han decretado algunos gobiernos; les lleva a sentir que su labor es imprescindible, pero que ellos a nivel personal, son prescindibles; por eso es necesario que el mismo personal de salud tome el control de su bienestar, con el apoyo de, quienes como nosotros, pretendemos apoyar su esfuerzo y dedicación.

Figura 3. Estado de las prioridades planteadas para el manejo de la pandemia por COVID-19.
Estrategias prácticas a nivel personal

El profesional de salud es amante de herramientas prácticas y accionables, tanto en su trabajo como en su vida personal. Por eso nos parece oportuno transmitir algunas ideas expresadas en diferentes publicaciones que pueden convertirse en una práctica cotidiana y que ayudarán a nuestros lectores a lidiar con el estrés y el cansancio que vienen sufriendo y que se han agravado con la pandemia.

  • Espacios de micro-meditación: Las técnicas de “mindfulness” han demostrado una gran eficacia en el tratamiento del estrés y la depresión. Aprovechar el tiempo del lavado de manos, mientras se desplaza en un ascensor o mientras se graba un registro médico en el sistema para hacer una revisión personal y preguntarse si ha descansado bien, si está bien hidratado o si ha reaccionado de manera adecuada frente a un paciente, un colega o una situación de trabajo, puede representar un gran beneficio.
  • Póngale nombre a sus emociones o sentimientos. Ir más allá de decir si se siente bien o mal y poner nombre a lo que se está experimentado ha mostrado ser una actividad cerebral positiva para la amígdala que es el centro emocional del cerebro. Hacerlo ha demostrado que ayuda a la persona a calmarse y relajarse; más aun si es posible medir de alguna manera la intensidad de ese sentimiento ayuda a ponerlo en la perspectiva y valor correcto. Adjuntamos con este artículo una tabla de palabras que expresan sentimientos y que usted puede usar en esta práctica (Tabla 1).
Tabla 1. Listado parcial de sentimientos. Adaptado de Diana Leafe Christian.
  • Enfóquese en lo positivo. En medio de una crisis como la actual se pone de moda el pesimismo, por eso el reconocimiento de los logros es muy importante. Hay evidencia que avala que poner por escrito tres cosas positivas que hayan sucedido al día, varias veces a la semana ayuda a lidiar con la frustración. Usted puede tomar esta práctica como una receta médica: escribir tres cosas positivas una vez al día por 15 días… y verá resultados positivos.
  • Sea agradecido. Expresar gratitud a los miembros del equipo por un trabajo bien hecho ayuda a que quienes le rodean se enfoquen también en lo positivo y en consecuencia también tengan para con usted una retroalimentación positiva, de esta manera mejora el ambiente de trabajo y se fortalecen las relaciones interpersonales.
  • Comparta. Si usted tiene alguna práctica o actividad que le ha ayudado a lidiar con el estrés y el cansancio, comuníquela a sus colegas y a los miembros de su equipo.
  • Esté atento a lo básico. Coma bien, descanse adecuadamente, comuníquese frecuentemente con su familia, busque soporte emocional de sus amigos o de sus líderes espirituales.
  • Tome tiempo para respirar. La respiración diafragmática es una práctica común usada en yoga y mindfulness; con ella se reduce el estrés y la ansiedad. Simplemente es tomar aire por la nariz de manera profunda durante 5 segundos, expandiendo de manera consciente el abdomen y luego expulsarlo lentamente por la boca durante otros 5 segundos, de modo que pueda hacer 6 respiraciones en un minuto. Estudios experimentales han demostrado que esta práctica contribuye as mejorar el estrés y marcadores fisiológicos asociados como la presión sanguínea.

No pretendemos con lo escrito agotar las posibles estrategias para tratar con el estrés y el cansancio dentro de la profesión médica en medio de la actual coyuntura. Con toda seguridad hay muchas más que les invitamos a compartir con nosotros comentando este artículo. Como colofón a lo anterior queremos recordar que estas estrategias son de índole preventivo y que pueden contribuir al bienestar, pero que en ningún caso pueden o pretenden remplazar el tratamiento profesional. Si los síntomas son persistentes es necesario consultar con el experto, con toda seguridad las instituciones cuentan con equipos de bienestar y soporte para estos casos.

Al no haber un tratamiento completamente eficaz y específico para la enfermedad y con la expectativa de tener una vacuna, en el más optimista de los escenarios, para finales del año 2021, la pandemia de COVID-19 no será una carrera de 100 metros sino una maratón de largo aliento; entre más preparados y fortalecidos estemos como equipo de salud, mejor podremos afrontar el reto.


Referencias:

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