A A A
Plus
Diciembre 31, 2019
101 Visitas

Debate y controversia médica

Aun cuando se habla reiteradamente de la “medicina basada en la evidencia”, persisten el debate y la controversia sobre diversidad de temas médicos. Y la razón es sencilla: no hay evidencia invariable que sea aceptable a todos, así se base en estudios sustentados por métodos reconocidos de validez como la aleatorización y los controles.

Por otra parte, el conocimiento médico si bien ha avanzado continúa siendo materia de interpretación de los datos y aceptación de la metodología. Y en muchos casos no hay manera de sustentar matemática o estadísticamente sugerencias, por ejemplo, bioquímicas o farmacológicas, que aún no han sido dilucidadas o conectadas de una manera firme y concluyente.

En este momento hay un debate internacional sobre la validez del concepto de la reducción del riesgo o daño, principio empleado por años en salud pública en diferentes escenarios, pero al cual se oponen los defensores a ultranza radical en contra de todo lo que tenga que ver con el tabaquismo.

Hemos presentado, con toda la seriedad del caso y con la debida sustentación científica, hasta donde es posible con base en estudios de organizaciones y expertos reconocidos, que existen alternativas que permiten al fumador satisfacer su adicción a la nicotina sin caer en el consumo inhalado de tabaco sometido a combustión y sus 4000 o más tóxicos.

Los cigarrillos electrónicos o vapeadores contienen nicotina líquida que liberan vapor y en ciertos casos algunas sustancias que de lejos no alcanzan la toxicidad del humo del tabaco, así no sean inocuas y tengan inherente algún riesgo. Ese riesgo es una fracción del que se asocia al tabaco o al riesgo de sustancias ahora reconocidas como contaminantes introducidos en los dispositivos por mala fe y comercialismo criminal de falsificadores.

A pesar de que desde 2003 en Japón y desde alrededor de 2007 en el Reino Unido los cigarrillos electrónicos han logrado disminuir el consumo de cigarrillos convencionales y de disminuir la toxicidad para los fumadores tradicionales (al convertirse en vapeadores), los enemigos irreductibles se niegan a reconocer que haya beneficios y se oponen de manera radical a esos dispositivos que ahora son permitidos en países como Canadá y Nueva Zelanda y algunos países europeos.

Sin embargo, lo grave no es la negación sino que los opositores, en algunos casos, que hemos vivido, no vacilan en agredir o atacar porque uno se tome la libertad -que es legítima-, de presentar los argumentos y experiencia en que se basan esas alternativas de reducción del daño.

Hace mucha falta concientización sobre la validez de la controversia, el debate y la argumentación científica, que permita dialogar de manera racional y presentar y defender las ideas, así sean controvertidas, sin que con primitivismo se ataque a quien se atreva a expresar ideas que difieran de las esculpidas en piedra por quienes se creen poseedores de la verdad revelada y no aceptan alternativas.

La ciencia médica debe basarse en el análisis, la controversia y el debate. No hacerlo es caer en errores que han perdurado y que han permitido que casi 200 años después de industrializado el cigarrillo haya 1.200 millones de fumadores en el momento y una proyección de mil millones de muertes en los próximos 100 años.

En otras palabras, hay que liberalizar el pensamiento médico y reconocer que puede haber opciones diferentes a las que nos negamos a aceptar.

Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).
A A A
Plus
Tags:

Artículos Relacionados