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Enero 27, 2020
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Efectos cardiovasculares de hipertensión sistólica y diastólica

Investigadores del sistema Kaiser Permanente y de la Universidad de California reevaluaron el efecto de la hipertensión sistólica y diastólica medido por el impacto en infarto de miocardio, ataque cerebral isquémico o ataque cerebral hemorrágico en un periodo de 8 años.

Los autores fueron motivados porque la relación de la hipertensión sistólica y diastólica y las complicaciones cardiovasculares, se ha tornado confusa y más aún, complicada con los diferentes niveles establecidos para tratamiento por las guías recientes (≥140/90 mm Hg y ≥130/80 mm Hg).

En una época la hipertensión diastólica era más importante y luego se adoptó la hipertensión sistólica como la que exigía mayor atención en relación a las complicaciones cardiovasculares.

Los autores utilizaron datos de 1.3 millones de adultos de una población general ambulatoria o de consulta externa en el análisis multivariado de supervivencia de Cox para determinar el efecto de la carga de hipertensión sistólica e hipertensión diastólica sobre un resultado compuesto de infarto de miocardio, ataque cerebral isquémicos o ataque cerebral hemorrágico en un periodo de 8 años.

Las cargas de hipertensión sistólica y diastólica cada una de manera independiente predijeron los resultados adversos (Figuras 1, 2 y 3).

Figura 1.


Figura 2.


 

Figura 3.

 

En modelos de supervivencia, una carga continua de hipertensión sistólica (≥140 mm Hg; razón de riesgo por unidad aumentada en puntaje z 1.18) e hipertensión diastólica (≥90 mm Hg; razón de riesgo por unidad aumentada en puntaje z 1.06) independientemente predijeron el compuesto de resultados.

Resultados similares fueron observados con el dintel más bajo de hipertensión (≥130/80 mm Hg) y con presiones sanguíneas sistólica y diastólica usadas como predictores sin dinteles de hipertensión.

Una relación em curva J entre presión sanguínea diastólica y resultados fue observada y explicada al menos en parte por edad y otras covariables y por un efecto mayor de la hipertensión sistólica en personas en el cuartil más bajo de la presión sanguínea diastólica.

Los autores concluyeron que la elevación de la presión sanguínea sistólica tuvo un mayor efecto en los resultados, tanto la hipertensión sistólica como la diastólica influenciaron de manera independiente el riesgo de efectos cardiovasculares adversos, sin importar la definición de hipertensión (≥140/90 mm Hg o ≥130 /80 mm Hg).

Comentario

En la práctica diaria tanto médicos graduados años atrás como médicos de recientes generaciones han expresado confusión sobre la variabilidad de las metas de tratamiento de la hipertensión arterial propuestas por diferentes sociedades científicas. Además de los niveles citados, otros grupos han propuesto niveles más bajos como metas (120/70 mm Hg).

Como si fuera poco resurge la duda sobre la importancia relativa de las elevaciones sistólica o diastólica como factores determinantes de complicaciones cardiovasculares.

Si fuéramos a ser árbitros (para lo cual no podemos reclamar méritos) diríamos que la meta de 130/80 mm Hg y la importancia de la elevación de la presión sistólica y de la presión diastólica son ambas importantes y que el clínico debe prestar atención a los dos valores.

Queda por definir la discusión de metas más bajas como 120/70 mm Hg.

Alerta sobre salud en la edad adulta temprana y la enfermedad cardiovascular

Un estudio de la Universidad de Columbia, liderado por Yiyi Zhang PhD, le hizo seguimiento a 36.030 individuos de 18 a 39 años de edad durante un periodo de 17 años.

Los participantes que tenían de manera consistente hipertensión y elevación del colesterol tuvieron un riesgo mayor de desarrollar más tarde en la vida enfermedad cardiovascular que incluye enfermedad coronaria e insuficiencia cardiaca, independiente de sus vidas en la edad media.

Los autores llegaron a una conclusión que las exposiciones cumulativas en la adultez temprana a elevación sistólica, diastólica y LDL se asocian a aumento en los riesgos cardiovasculares más tarde en la vida, independiente de las exposiciones en adultez más avanzada (Figura 4).

Figura 4.

 

Como corolario, es esencial que el joven adulto sea sometido a controles de la presión sanguínea (sistólica y diastólica) y del colesterol LDL, anticipando consecuencias a taras que ocurren desde edad temprana.

Referencias:

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