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Junio 30, 2020
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Estigmatización y agresión a los trabajadores de la salud

En la Sesión Académica de la Academia Nacional de Medicina se trató de una manera excelente el tema de la estigmatización y de la agresión que están padeciendo los profesionales de la salud, médicos a la cabeza, en nuestro país.

Un distinguido grupo conformado por expertos en salud pública, psiquiatría, psicología, antropología, sociología y un periodista, ilustraron a una audiencia virtual sobre las bases neurobiológicas, psicológicas, ambientales e históricas del problema.

Debo decir que con modestia trataré de resumir algunos aspectos de las brillantes exposiciones y que capté de manera acertada los conceptos expresados.

En primer lugar, la manera como el cerebro recibe, procesa las percepciones y decide ejecutar en relación a lo captado. La inteligencia del individuo o la manera como reacciona puede ser racional, serena, analítica o emocional, impensada y repentina, por ende muchas veces inapropiada.

Así la persona que recibe una mala noticia, como la muerte de un ser querido, por ejemplo, víctima de la infección por coronavirus SARS-CoV-2, puede ser racional o emocional. En el primer caso, acepta con serenidad el doloroso acontecimiento y reconoce la labor de los médicos y de su equipo o reacciona de manera impulsiva, agresiva y potencialmente lesiva, culpando a los trabajadores de la salud del infortunio.

La reacción emocional e irracional puede conducir a gritos e insultos dirigidos al médico, a la enfermera u otros trabajadores de la salud, es decir a agresión verbal, que puede llevar a otras agresiones como amenazas que insinúan que se atentará contra la vida de ellos. Un caso vergonzoso es uno reciente del envío de una corona a un médico que perdió uno de sus pacientes.

Los panelistas expusieron razones y situaciones históricas y ambientales que pueden contribuir a la génesis de la estigmatización y agresión, que han ocurrido en el pasado y que se ha demostrado en estudios que son observaciones validadas.

La estigmatización y la agresión ocurren con mayor frecuencia en países que han sufrido conflictos y violencia, en los cuales con frecuencia hay desigualdad económica y grupos étnicos sometidos al rechazo o negligencia.

Aunque no se mencionaron estudios similares en el país, no hay duda que en Colombia ha habido años de conflictos armados y de violencia que ha lesionado a muchos y que no hemos podido superar la desigualdad y hemos sido negligentes con algunos de nuestros conciudadanos.

Que ello genere resentimiento y propensión a ser agresivos no debe sorprender y crea un caldo de cultivo para la agresión y la estigmatización, muchas veces irracional e injusta como la observada recientemente con los trabajadores de la salud.

A lo anterior se agrega el hecho, demostrado en varios de los países latinoamericanos, entre ellos Colombia, que hay desconfianza en el sistema de salud y en los gobiernos, al menos por sectores más o menos importantes de la población.

Se suman la enorme facilidad de la comunicación virtual que infortunadamente es aprovechada para la difusión rápida y amplia de noticias falsas que crean ambientes hostiles como afirmar que los médicos son transmisores de COVID-19 o que esconden los cadáveres de las víctimas y creman los cadáveres para esconder sus errores. O que asignan los pacientes a las UCI para cobrar grandes sumas de dinero.

El miedo y la incertidumbre, que pueden llevar a pánico, hacen que la persona sea susceptible a conductas irracionales por creer en ideas falsas difundidas por las redes sociales.

Algunas veces se cometen errores involuntarios como la de un alto funcionario que dijo a la prensa que había médicos que internaban los pacientes a las UCI para ganar más. Al no precisar los pocos casos quienes están interesados en crear caos o en quienes tienen inteligencia emocional difunden la acusación y crean un ambiente para la agresión.

En pocos días, anunció el Presidente de la Corporación, se espera que los expertos panelistas emitan sugerencias de las acciones que deberían tomarse para evitar mayores tragedias en medio de la crisis que vivimos.

Ciertamente algo que es necesario incrementar es la educación a través de la comunicación. El personal de la salud, liderados por los médicos, debe educar a los pacientes y a los familiares sobre la enfermedad y sus consecuencias y lo que pueden esperar o no esperar de los procedimientos, diagnósticos o terapéuticos, a que se somete al paciente.

Los médicos aducen con razón que no tienen tiempo o que el tiempo es muy escaso. Sin embargo, como dijo uno de los conferencistas, “alguna información es más que nada y más información es mejor que poca información”.

Se ha hablado mucho del humanismo en la medicina, un concepto válido pero abstracto. Humanismo es o incluye dialogar de manera pausada, serena, amplia y comprensible con el paciente y con los familiares.

Se dice que el médico de antaño era superior. Nos atrevemos a decir que esa percepción en buena parte resulta de una comunicación mucho mejor que la permisible en la actualidad y es imprescindible que volvamos al pasado.

El médico, a la cabeza del equipo, debe esforzarse por comunicar y educar a través de la comunicación y con ese fin valerse de los medios viejos (un folleto, por ejemplo) o modernos como los audiovisuales (videos, por ejemplo o virtuales), adobados por el mayor espacio que pueda darle al paciente y a la familia. Y los entes dirigentes de la salud deben proveer al médico de esos medios para facilitar su labor y para protegerlos de manera justa.

Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).

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