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Abril 16, 2018
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Toda institución de salud debe tener acceso a una biblioteca médica virtual

Muchos espetarán que ya existe: Google; pero sucede que todas, o al menos la inmensa mayoría las publicaciones de comprobada calidad cuyo contenido está relacionado con salud y medicina, son pagadas total o parcialmente. Y mezclado con contenido de buena calidad todos sabemos que en los buscadores hay mucha información que no es confiable o, peor aún, es peligrosa.

Es cierto que las publicaciones periódicas y algunos textos o colecciones de revisiones están en Internet, pero el acceso a la totalidad del contenido exige el pago por suscripción, con alternativas de igual manera pagadas parcialmente con un peaje.

La suscripción individual anual a las revistas periódicas oscila entre 100 y 500 dólares y el precio estándar del acceso a un artículo determinado tiene un valor promedio que se aproxima a 40 dólares.

Otros factores negativos son el idioma a pesar de la presencia ubicua de traductores porque el proceso de traducción de artículos largos (usualmente de 10 a 15 páginas) es demorado y distrae la atención del usuario.

Por razones de costos de producción, aun en medios electrónicos, con frecuencia las publicaciones foráneas (la mayoría de Norteamérica y Europa) son escasas en los aditamentos gráficos e interactivos que enriquecen y facilitan el aprendizaje. Y ello sin contar otras modalidades de transmisión electrónica como los mensajes de voz y videos de variado tipo.

Para que el profesional de la salud pueda tener verdadera y válida autoeducación médica continuada, es fundamental que tenga acceso a un número adecuadamente amplio de publicaciones electrónicas a las cuales pueda acceder fácilmente desde cualquier sitio, empleando cualquiera de las modalidades o dispositivos electrónicos ubicuos en la actualidad (computadores de escritorio, portátiles, tabletas, celulares inteligentes, etc.).

Además, un sistema educativo virtual puede ampliarse con cursos estructurados de educación en cualquier área del sistema y de capacitación en habilidades específicas.

Nada de eso es ciencia ficción y ha sido experimentado, inclusive en nuestro país con recursos adecuados a la capacidad del país.

Por otra parte, se habla mucho de la telemedicina (por ejemplo, transmisión de imágenes diagnósticas para interpretación remota) y de la e-health o práctica de la salud a distancia (por ejemplo, interconsultas), todo por supuesto utilizando medios electrónicos.

El gobierno, los organismos internacionales, las sociedades científicas y muchos otros entes producen materiales que aportan de manera dispersa a través de la red, que pueden vincularse o integrarse a la biblioteca médica virtual a la cual hemos venido haciendo referencia.

Sin embargo, de nada sirven esas modalidades si el profesional que los utiliza no tiene a la mano los medios de estudio y de consulta para beneficiar al paciente de la opinión experta lograda a distancia.

La financiación del conjunto de publicaciones que constituyen una biblioteca médica virtual debe estar a cargo del sistema de salud. Pretender que con los ingresos actuales un profesional de la salud disponga de su bolsillo de mil o más dólares al año por unas pocas publicaciones, no solo es una utopía sino una injusticia.

Además, es increíble que en 25 años todos los gobiernos, desde 1991 cuando se aprobó la Ley 100, la educación continua se ha considerado un elemento esencial de un buen sistema de salud. Tenemos razones para creer que el gobierno actual ha mejorado (no optimizado) el sistema de salud pero ha sido negligente en la reglamentación de las 5 leyes emitidas desde la Ley 100, incluyendo la Ley Estatutaria de Diciembre de 2015.

Mientras no se reglamenten esas leyes, pero en especial la Ley Estatutaria, serán letra muerta y los estudiantes de las profesiones de la salud y los profesionales en ejercicio, sobre todo quienes ejercen en sitios alejados de los centros académicos, seguirán forzosamente rezagados en el conocimiento, con el riesgo inherente para la salud de los colombianos como lo expresó la Corte Constitucional.

Si el gobierno colombiano actual no se ocupa de ello, como lo expresó un experto en informática, columnista de El Tiempo, es de esperar que lo haga el gobierno que entrará a regir los destinos del país en 2018.

Sin educación continua y capacitación permanente no podrá haber nunca calidad e incumbe al gobierno nacional exigir a las instituciones de salud que provean acceso a sus profesionales a bibliotecas médicas virtuales, cuyo costo individual representa una fracción, ya que hay suscripciones institucionales que permiten que los costos sean asequibles porque son compartidos.

Las bibliotecas virtuales pueden ser accedidas en cualquier momento, desde cualquier sitio y mediante una gama de dispositivos, utilizando el código de acceso a través de la IP de la institución respectiva. Es la obligación del profesional utilizar esos recursos y, por principio de obligación moral, hacerlo en su propio tiempo.

Antes de pensar en revivir el tema de la recertificación y de complicarlo con una plétora de requisitos que solo incrementan los costos de manera innecesaria, se debe proceder a hacer ubicuas las bibliotecas médicas virtuales.

Es muy fácil desarrollar cuestionarios que respondidos por vía electrónica almacenen puntos de créditos de educación continua que sirvan de base para reconocimiento del profesional y una eventual recertificación que no debe convertirse en otra fuente de explotación económica y de sobrecarga del sistema de salud.

Como también lo escribió el columnista citado, uno de los ministerios más destacables de la administración actual es el de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Sabemos que ese Ministerio desea impulsar la medicina electrónica, incluyendo la educación. Ojalá encuentre eco en el Ministerio de Salud.Editorial, Políticas de salud, Educación Médica ContinuaEditorial, Políticas de salud, Educación Médica Continua

Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de Paris VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).
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