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Junio 29, 2018
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Importantes cambios cerebrales durante el embarazo

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, liderados por la doctora Elseline Hoekzema de la Universidad de Leiden, Holanda, reportaron en Nature Neuroscience que el embarazo incluye cambios sustanciales en la estructura cerebral de la madre, principalmente reducciones en el volumen de la materia gris (adelgazamiento de la superficie de la corteza cerebral) en las regiones prefrontal y temporal que participan en las relaciones o cognición social.

Figura. Ubicación de las regiones prefrontal y temporal en el cerebro.

Estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona

Diseño

La investigación se basó en 25 mujeres en la cuarta década de la vida (30 o más años) que al inicio nunca habían estado embarazadas pero esperaban estarlo. Sus cerebros fueron escaneados (resonancia magnética) antes de quedar embarazadas y en el lapso de pocos meses después de dar a luz.

Sirvieron como controles 20 mujeres que tampoco habían estado embarazadas y que no gestaron durante el lapso del estudio. De manera similar los cerebros de los controles fueron escaneados al inicio y meses después, como las participantes que quedaron embarazadas. Las parejas de las mujeres de los dos grupos también sirvieron de controles.

Los cambios cerebrales fueron iguales en las mujeres que quedaron embarazadas de manera natural o que habían sido sometidas a tratamientos de fertilidad.

Resultados  

Los cambios demostrados fueron selectivos para las madres y de manera altamente consistente clasificaron correctamente todas las mujeres que habían estado embarazadas o no en el periodo transcurrido entre los escanogramas. En las parejas de las mujeres de los dos grupos no hubo cambios cerebrales.

Hubo coincidencia de la reducción del volumen de la materia gris con el postparto. Los cambios de volumen predijeron el grado de unión emocional de la madre con el bebé en el postparto lo cual sugiere que se trata de un proceso de adaptación a la transición a la maternidad, específicamente en relación a la cognición o relación social, la habilidad de registrar y percibir las cosas.

La reducción en el volumen de materia gris tuvo una duración de al menos dos años después del embarazo. La reducción de la materia y los otros cambios no alteró o interfirió con otras funciones cerebrales de tipo intelectual como memoria o aptitud verbal.

El grado de disminución de la materia gris correlacionó con el nivel de unión o afecto con el bebé. Además, en otra fase del experimento, se demostró que la reacción emocional o afectiva es específica al bebé propio y no a otros bebés. El cerebro reacciona de manera positiva a la foto del hijo y no a la imagen de un bebé extraño.

Conclusiones y comentarios de los autores

Lo autores concluyeron que por primera vez se demuestra que el embarazo produce cambios de larga duración en el cerebro de la madre, además de las variaciones hormonales radicales que ocurren durante el embarazo, por ejemplo, en las hormonas sexuales esteroideas como la progesterona y los estrógenos, cuyos niveles se elevan de manera muy significativa durante la preñez.

Las hormonas sexuales esteroideas actúan como reguladoras importantes de la morfología neuronal, así como del número de neuronas. Por ello no debería sorprender que las alteraciones hormonales del embarazo incidan sobre la estructura cerebral de la madre.

La disminución de la materia gris asociada al embarazo, expresan los autores, no debe interpretarse como un fenómeno negativo sino como una adaptación o maduración especializada durante un periodo crucial. Esa adaptación que acentúa la unión madre/hijo le permite a la madre reconocer las necesidades del bebé y las amenazas sociales que puedan presentarse.

Debe aclararse que los investigadores no evaluaron si la reducción del volumen se reflejaba en disminución del tamaño de las neuronas, de otras células cerebrales, de las sinapsis o de partes del sistema circulatorio.

Es interesante que cambios similares a los observados en las embarazadas se han registrado en niñas adolescentes, lo cual puede explicar la turbulencia que caracteriza la adolescencia. Esos cambios cesan y son un índice de la plasticidad cerebral.

Aunque los resultados del estudio son firmes, queda mucho por esclarecer y sin duda vendrán estudios adicionales de especial importancia para comprender mejor no solamente la plasticidad cerebral sino la psicología de la relación madre/bebé.

Referencia:
Nature Neuroscience en línea Diciembre 19, 2016

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