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Febrero 26, 2014
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Inactividad física remodela médula cerebral (bulbo) negativamente

Investigadores de la Universidad Estatal de Wayne, Detroit, y de otras instituciones académicas, demostraron en ratas que la inactividad fisica (sedentarismo) induce cambios estructurales y funcionales en las neuronas de la médula (bulbo) rostral ventrolateral.

Esa región del cerebro juega un papel fundamental en la regulación del sistema nervioso simpático y por ende en la regulación de sistemas como el cardiovascular (Figura 1).


Figura 1. Bulbo ventrolateral rostral

La inactividad física altera la estructura neuronal en las regiones del cerebro asociadas a la regulación cardiovascular. El aumento en la actividad del sistema nervioso simpático se cree que juega un papel en el desarrollo y progreso de la enfermedad cardiovascular.

La investigación en ratas aporta evidencia sugestiva que las neuronas de la médula (bulbo)  rostral ventrolateral son más sensibles a la excitación en los animales sedentarios que en aquellos físicament activos, lo cual en opinión de los autores se debe a cambios en la estructura de las neuronas de la médula o  bulbo que controlan la actividad simpática.

Los hallazgos en murinos coinciden  con observaciones in vivo pero especialmente coinciden con el aumento en la morbilidad cardiovascular asociada al sedentarismo.

Diferentes estudios han demostrado que el ejercicio físico puede remodelar el cerebro e inducir la creación de nuevas células o neuronas, así como otros cambios estructurales (fenómeno conocido como plasticidad).

La investigación citada es la “otra cara de la moneda”: la inactividad física o sedentarismo afecta negativamente la plasticidad de la médula y colateralmente se alteran la estructura y la función del sistema cardiovascular. Una razón más para hacer ejercicio de manera rutinaria y para evitar el sedentarismo.

Hasta hace un par de décadas se creía que el cerebro no podía regenerarse y que neuronas perdidas (miles o millones al día) no eran reemplazadas. Desde entonces. el fenómeno de la plasticidad cerebral ha sido reconocido y se ha demostrado que una manera de incentivarlo es precisamente el ejercicio físico.

El humano no es murino, por supuesto, pero la homología de la estructura del bulbo o médula y su relación con el sistema nervioso simpático, ha sido demostrada en diferentes especies, incluyendo el humano.

Detalles del experimento e implicaciones potenciales

El experimento se basó en una docena de ratas, la mitad fueron encerradas en jaulas donde había ruedas que giraban al impulso de los animales, lo cual representaba 4.5 kilómetros de ejercicio al día. Las otras ratas estaban en jaulas donde no había el recurso para ejercitarse; eran ratas sedentarias.

Después de casi tres meses de correr o de permanecer inactivas, se les inyectó un trazador y colorante inmunohistoquímico para hidroxilasa de tirosina que identifica las neuronas catecolaminérgicas del bulbo espinal, específicamente del área rostral ventrolateral, que controla funciones autonómicas como la respiración, la frecuencia cardiaca y el tono vascular.

El patrón de las neuronas y de sus dendritas fue diferente en las ratas sedentarias que en las ratas activas. En aquellas, las sedentarias, las dendritas eran más abundantes, sobre todo en la región rostral  que en la región caudal del bulbo. En las ratas activas el patrón fue similar al característico de la región rostral ventrolateral de la médula, es decir, consistente en todo el órgano.

En otras palabras, mediante un programa digitalizado computadorizado, los investigadores demostraron que las neuronas de las ratas activas conservaban la forma y función normal que tenían al principio. En las otras había cambios sugestivos de deterioro.

Los autores interpretan los hallazgos como indicativos de que los cambios estructurales y funcionales pueden acentuar o exagerar la sensibilidad de las neuronas de la médula rostroventral lateral a estímulos (excitadores) y así contribuir a aumento en el riesgo de enfermedad cardiovascular en los individuos sedentarios.

El aumento en el número de dendritas de las neuronas en los animales sedentarios, hace más probable la estimulación excesiva del sistema nervioso simpático y por ende mayor tendencia a aumento en la presión arterial, contribuyendo así al desarrollo de enfermedad cardiovascular.

Es aceptado que el permanecer activo mentalmente mejora o sostiene la función cerebral cognitiva y que el ejercicio físico es benéfico en ese sentido. La investigación que hemos reseñado agrega que el ejercicio físico mejora la plasticidad y la función cerebral. El sedentarismo es perjudicial para el sistema cardiovascular y para el cerebro y a la inversa para el cerebro y el sistema cardiovascular.

Referencia:
Journal of Comparative Neurology 522:499-513, 2013

© EMSA-ILADIBA, Febrero 2014
(RC)

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