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Septiembre 1, 1995
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Los médicos y la educación sexual

En años recientes, a lo largo y ancho del mundo, se ha observado que la edad de la primera relación sexual ha venido disminuyendo. El incremento en la proporción de embarazos prematuros y la diseminación de las enfermedades de transmisión sexual en la población juvenil son un lógico corolario.

El tema de la educación sexual en las escuelas es motivo de candente controversia. Unos sostienen que ése es un tópico que debe debatirse sólamente en el ámbito familiar y que es potestad de los padres y de los consejeros espirituales. Otros, por el contrario, creen que el tema le incumbe a la sociedad y que debe ventilarse en las escuelas y hacer parte de la educación escolar.

Quienes están en contra de la educación sexual impartida por los maestros como parte de el educación general, arguyen que acelera el inicio actividad sexual y promueve la promiscuidad; todo lo contrario del propósito central que se busca al educar sexualmente.

Dos estudios recientes, publicados el mes pasado en el influyente hebdomadario inglés British Medical Journal, órgano oficial de la Asociación Médica Británica, arrojan resultados favorables a la educación sexual en las escuelas.

Los investigadores de la Universidad de Exeter y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres llegaron a conclusiones similares, a través de estudios de diseño diferente. Los adolescentes que recibieron educación sexual no fueron más promiscuos ni tuvieron relaciones más tempranas. En ellos, el primer coito ocurrió un poco más tarde y el número de compañeros sexuales disminuyó. Más importante aún, desde un punto de vista estrictamente médico y de salud pública, los educados en la escuela utilizaron con mayor frecuencia métodos de protección contra el embarazo y la infección.

En el experimento educativo de la Universidad de Exeter un médico acompañó en el aula al maestro para validar la información científica impartida. Esa unión del profesor y del médico aporta solidez al programa y representa un interesante modelo.

El médico debe participar activamente en la educación sexual. El, mejor que nadie, puede hablar de las consecuencias que entrañan las relaciones sexuales prematuras y la promiscuidad sexual, así como aconsejar sobre los medios de prevención del embarazo y de las enfermedades de transmisión sexual. Sin caer en una prédica moral, que le incumbe directamente a los padres, hará énfasis en las consecuencias sicológicas de relaciones y de embarazos cuando, por la edad, no se está preparado.

Creemos que un mensaje didáctico, transparente y explícito, y con participación de los médicos, es la mejor manera de atenuar los problemas derivados de las relaciones sexuales entre los adolescentes.

Jorge E. Maldonado MD,PhD.
Editor en Jefe

© EMSA    ILADIBA    SEPTIEMBRE  1995

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