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Abril 28, 2021
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Recomendación de retrasar la segunda dosis de la vacuna contra COVID-19

Los estudios de las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna involucraron dos inyecciones administradas con 3 a 4 semanas de diferencia. Ambas vacunas tuvieron una eficacia de aproximadamente el 95% después de la segunda dosis.

En el artículo publicado en The New England Journal of Medicine pocos días atrás, el doctor Robert M. Wachter, comenta que en circunstancias normales, las vacunas deben implementarse de acuerdo con los protocolos del ensayo. Sin embargo, debido a la situación actual en la que hay una lenta manufacturación y distribución de vacunas y la reciente aparición de variantes más infecciosas del SARS-CoV-2 que amenazan con superar los programas de vacunación en varias partes del mundo, los protocolos no se han seguido a cabalidad.

Este puede ser un caso en el que los riesgos de una estricta adherencia al plan superan los riesgos de modificarlo, asegura Wachter.

Es importante dar a conocer que en los estudios de las vacunas anteriormente nombradas, los casos en los grupos de placebo y vacuna activa comenzaron a divergir aproximadamente 10 días después de la primera dosis, con una eficacia de la vacuna creciente con el tiempo. En el día de la inyección de la segunda dosis, la eficacia de la primera dosis estaba en algún lugar en el rango de 80% a 90%, un rango nada despreciable.

¿Por qué considerar retrasar la segunda dosis de vacuna?

Primero, dado que la COVID-19 actualmente mata aproximadamente a 3000 personas en los EE.UU por día, es necesario hacerse la siguiente pregunta:  ¿Se debe utilizar la capacidad de vacunación limitada para aumentar la protección de las personas que han recibido una primera dosis de aproximadamente el 85% de efectividad (después de la dosis uno) al 95% (después de la dosis dos) administrando una segunda dosis? ¿O más bien se debe utilizar esa misma capacidad para llevar a un número similar de personas de un estado desprotegido a uno en el que estén protegidas del 80% al 90%? Un modelo muestra que el número esperado de casos de Covid-19 sería significativamente menor si a más personas se les diera una primera dosis, incluso si se tuviera que aplazar la segunda dosis.

En segundo lugar, la aparición reciente de variantes virales, en especial la B.1.1.7, a menudo denominada variante del Reino Unido, que es aproximadamente 50% más infecciosa que el coronavirus nativo, se convirtió rápidamente en la cepa dominante en gran parte de Inglaterra, y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ahora predicen lo mismo para los Estados Unidos en las próximas 6 semanas.  Esta perspectiva aumenta aún más el imperativo de vacunar a la población, en particular a las personas de alto riesgo, de una forma más veloz.

¿Existen riesgos potenciales por retrasar la segunda dosis?

Por supuesto. Es posible que la segunda dosis sea menos efectiva cuando se administre más tarde, aunque pocos científicos creen que esto vaya a ocurrir.  La inmunidad puede comenzar a disminuir entre la primera dosis y una segunda dosis retrasada, aunque la rareza de las infecciones recurrentes probablemente signifique que la inmunidad, al menos la creada por la primoinfección, dura mucho más de 3 meses.

Algunas personas pueden olvidar regresar para su segunda dosis después de un retraso mayor, sin embargo esto se puede reducir mediante un sistema de recordatorio a través de correos y de celular. Es posible que algunas personas se sientan confundidas por un cambio en el programa de vacunación, y la confusión puede llevarlas a evitar la vacunación por completo o creer que solo necesitan una dosis única. La probabilidad de que esto ocurra es difícil de cuantificar, aunque lo más probable es que se pueda abordar con una sólida campaña de mensajes y seguimiento.

Finalmente, algunos expertos han advertido que la vacunación parcial que conduce a una respuesta inmune menos robusta puede aumentar el riesgo de mutaciones, que, como hemos visto, pueden dar lugar a variantes con características más problemáticas. Falta aún mayor investigación y no es tan fácil de cuantificar.

Aunque existen riesgos para la estrategia de una segunda dosis retrasada, los beneficios de dar una primera dosis a muchas más personas  merecen una consideración seria de la estrategia, particularmente porque es probable que la escasez de vacunas disminuya a fines de la primavera. El 30 de diciembre de 2020, el Reino Unido aprobó el enfoque de la segunda dosis diferida. En enero,  los CDC actualizaron la guía con respecto al momento de la segunda dosis, diciendo por primera vez que una demora de hasta 6 semanas después de la dosis uno sería aceptable.

Aunque apegarse al plan siempre es reconfortante, esta pandemia ofrece un caso clásico en el que el plan, al proteger a muy pocas personas con demasiada lentitud, frente a una amenaza creciente, puede representar la opción más arriesgada. Por supuesto, cualquier desviación en el protocolo debe estudiarse de manera rigurosa y rápida, y las segundas dosis deben administrarse rápidamente a medida que el suministro de vacuna sea más abundante.

Comentario editorial

La aplicación de la primera dosis de la vacuna con retraso de la segunda dosis se está realizando en algunos países como Inglaterra, con la vacuna de Oxford/AstraZeneca, la cual ha demostrado aumentar la efectividad a mayor tiempo entre dosis (12 semanas). Algo similar sucede con  la vacuna SINOVAC (China) con la que se propone prolongar la segunda dosis (de 15 a 28 y a 56 días) porque la eficacia aumenta de 50% (una dosis) a 70% (segunda dosis a 28 días y a aproximadamente 85% a los 56 días).


Referencia

  1. Kadire SR, Wachter RM, Lurie N. Delayed Second Dose versus Standard Regimen for Covid-19 Vaccination. N Engl J Med. 2021 Mar 4;384(9):e28.
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