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Agosto 30, 2019
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Síndrome de desgaste de los médicos

De manera creciente en la década actual hay cada día más publicaciones sobre lo que hemos elegido por denominar “síndrome de desgaste de los médicos” que, en la literatura en inglés se conoce como “physicians´ burnout” (traducido literalmente “quemados” o “agotados”).

La preocupación por el agotamiento o desgaste de los médicos es muy grande porque el cuerpo de profesionales de la medicina es una parte esencial de la sociedad que le ha encomendado por milenios el cuidado y preservación de su salud y por ende de su vida.

Sin embargo, desde el siglo pasado, el médico se ha visto relegado a funciones de tipo administrativo que solo de manera indirecta tienen que ver con el ejercicio de su obligación de cuidar de la salud, a limitaciones en el tiempo que puede dedicar a sus pacientes, a restricciones en su autonomía que lo obligan a pedir permiso para infinidad de decisiones que antes eran parte de su libre ejercicio, a ataques y vejaciones que sirven de escape a la frustración y rabia de los pacientes por los malos servicios y a sometimiento a ingresos económicos que no son acordes con sus prolongados estudios sino compatibles con el ánimo de lucro que predominan en muchas de las organizaciones médicas.

El verse agobiado de trabajo, a una marcha de velocidad impensada, con restricciones y limitaciones, ha llevado no solamente a estrés sino también a ansiedad y depresión que en penosas ocasiones ha conducido a suicidios o a enfermedades como la drogadicción que implican una enorme pérdida para la sociedad, por no decir a la destrucción de familias que vieron orgullo tener un médico como hijo, esposo o padre y como líder de la comunidad.

El síndrome de desgaste se caracteriza por pérdida de entusiasmo en el trabajo (agotamiento emocional), a tratar a las personas como objetos (despersonalización o deshumanización) y a tener la impresión que su trabajo no significa nada y sentir que nada logra.

De acuerdo con un editorial publicado en JAMA en 2009 “numerosos estudios a nivel mundial que han involucrado todas las especialidades indican que aproximadamente 1 de cada 3 médicos experimenta agotamiento o desgaste en algún momento.

El agotamiento del médico se refleja en el deterioro de la relación médico/paciente y en la calidad de la atención que provee. La empatía y la compasión se pierden, el médico busca “salir del paso” y referir el paciente para salirse del caso (no le hace seguimiento y no desea ser “médico de cabecera”), el profesionalismo desaparece y la probabilidad de cometer errores médicos aumenta.

Es imposible pero las empresas que hoy rigen la medicina (antaño los rectores eran los médicos de mayor distinción personal, profesional y académica) no entienden que aun con computadores hacer una historia clínica de calidad integral, examinar al paciente, reflexionar sobre las posibilidades diagnósticas, diseñar un plan de exámenes y pruebas diagnósticas y llenar innumerables formatos administrativos, amén de solicitar las aprobaciones de rigor, es imposible en 20 minutos.

El médico no alcanza a conocer su paciente y menos aún su ámbito social, educativo, laboral, psicológico, económico y familiar y no se diga de poder conocer sus hábitos alimentarios, de estilo de vida y de consumo de estimulantes o de alcohol. Por supuesto, es imposible, cuando se llegue al tratamiento ofrecer un programa de atención integral.

Hay soluciones para aliviar al menos en parte la carga laboral. Las labores administrativas de rutina y el seguimiento de los pacientes crónicos o reiterativos pueden delegarse en asistentes que pueden ser enfermeras capacitadas.

Las sociedades científicas y las instituciones académicas deben tomar cartas en el asunto y propender por una reforma incluyente de la manera como se está utilizando al médico. Deben reflexionar por qué el médico ha perdido interés y profundizar si ello es índice de estrés, de angustia y de depresión.

Los colegas deben tomar interés en los problemas de los colegas y de manera amigable (de hermanos) sutilmente acercarse y ofrecer apoyo y ayuda. En algunos países hay organizaciones dedicadas a contribuir con publicaciones a aliviar los problemas del desgaste de los médicos.

Entre las modalidades “terapéuticas” del desgaste médico están la meditación profunda (minfulness) y currículos de autopercepción del problema y de entrenamiento en manejo de los problemas inherentes al desgaste.

Instituciones norteamericanas de mucho prestigio, quizás muchos menos expuestas que otras, han organizado departamento de bienestar de los profesionales, precisamente para evitar o aminorar el problema y para lograr la recuperación del médico de la satisfacción profesional.

Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).
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