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Diciembre 1, 2020
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Salud Mental y Covid-19

La pandemia de coronavirus 2 o SARS-CoV-2 causante de COVID-19, tiene repercusiones de larga duración en muchos casos y entre las consecuencias de la enfermedad deben tenerse en cuenta las alteraciones mentales.

En nuestras páginas hemos insistido en las secuelas de larga duración porque ante la abundancia de casos de COVID-19 que aparentemente se superan son muchos los pacientes que quedan con alteraciones que el médico debe reconocer para poder manejarlas adecuadamente.

Entre las manifestaciones agudas y crónicas de COVID-19 están los trastornos de la salud mental.

Antes de ser víctima de la infección son muchos quienes por la situación mundial que se vive permanecen en estado de angustia y por el verse forzados a estar aislados (aislamiento social) y alejados de sus seres queridos padecen depresión. Y la situación se agrava o empeora si el individuo tiene historia de trastornos mentales.

Investigadores holandeses analizaron el impacto de la pandemia de COVID-19 sobre la salud sobre la salud en personas con desórdenes pre-existentes.

En tres cohortes psiquiátricas de casos y controles, los autores evaluaron el   impacto de la infección sobre síntomas depresivos, ansiedad, temor y soledad antes y durante la pandemia de COVID-19 en personas con y sin depresión, ansiedad y trastornos obsesivo-compulsivos.

Las personas con depresión, ansiedad o trastornos obsesivo-compulsivos experimentan un impacto negativo sobre la salud mental que requieren monitoreo estrecho en la práctica clínica aunque la severidad de los síntomas puede no incrementarse.

Otro estudio, también publicado en Lancet y desarrollado por investigadores de University College London, Reino Unido, estudiaron el impacto de la cuarentena sobre la salud mental y encontraron datos sugestivos que los niveles más altos de depresión y de ansiedad ocurrieron en las fases tempranas del encierro pero declinaron rápidamente posiblemente por un proceso de adaptación.

El estudio inglés enfatiza la importancia de ofrecer soporte a los individuos en relación a nuevas cuarentenas con el fin de disminuir el estrés. Es importante que los clínicos identifiquen aquellas personas que tienen un riesgo mayor de alteración mental antes de la pandemia y quienes continúan en riesgo a lo largo de la cuarentena.

No es deseable que haya ansiedad, depresión, trastornos obsesivo-compulsivos y se debe hacer todo lo posible por aminorar el impacto sobre la salud mental de la pandemia. Sin embargo, ello es inevitable en ciertos grupos de la población, especialmente en quienes tienen historia psiquiátrica, en los adultos mayores y en los niños y adolescentes. Hay que tomar medidas para amortiguar o evitar esos fenómenos.

Por otra parte, sin caer en exageraciones, el personal de trabajadores de la salud debe estar recordándole continuamente a la sociedad acerca de los riesgos muy graves que entraña la pandemia y la insensatez de no tomar las medidas de prevención que deben tomarse. No hacerlo conlleva el riesgo de enfermedad física y como hemos registrado de enfermedad mental. Dentro del amplio espectro y extensión de COVID-19 los trastornos mentales antes, durante y después de contagiarse deben ser motivo de atención por parte de los profesionales de la salud que han de estar preparados para el diagnóstico y manejo de las consecuencias mentales de la pandemia.

Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).
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